La semana pasada me salté la sesión de boda. Hoy no hay excusa. Van a pensar que he cruzado la fina lÃnea entre la cordura y la locura. Pero la boda de Solange, la hermana de Beyoncé, me ha nublado la razón.
De la foto les puede llamar la atención más de un detalle. El pelo a lo 11 8 88. Los labios carmÃn «a tope de power». El escotazo asomando las Lolas. La capa digna de la mismÃsima Princesa Leia. O La ausencia de tacones. Sin embargo, a mà se me fueron los ojos a eso que llevaba entre las piernas, su bicicleta.
Por si ustedes dudaban de que yo fuera una chica original, a mà llegar a la boda en una bicicleta blanca me parecÃa lo más de lo más. En cada reunión que se celebraba para tratar los asuntos de boda, salÃa yo con el ring ring. Y en cada reunión tenÃa un consejo a la contra. Cada tanto a favor de subirme en el biciclo tenÃa su suspiro por parte de mi madre y mi suegra, que me miraban obnubiladas. Asà que pronto me quitaron la idea de la cabeza. Jugó a favor de los detractores de mi originalidad, que el sitio por donde tenÃa que pasar fuese un tanto estrecho y pasara una acequia muy cerca. Pero tanto «no, no, no» y «tú estás loca» me han pasado factura. No puedo dejar de mirar la foto de Solange y rascarme la espinita clavada.
FÃjense hasta dónde llegó la enajenación mental, que yo ya tenÃa mirado en segundamano.com, un tándem de un color blanco celestial. No sólo me habÃa propuesto subirme yo al velocÃpedo. ¡QuerÃa implicar a mi padre! Me imaginaba pedaleando a cámara lenta detrás de él. Los dos con una sonrisa de oreja a oreja. Al ritmo de dos funambulistas de circo. Haciendo la salida de la bici con doble tirabuzón carpado. El público en ovación. El ruido del agua de la acequia y los pájaros cantando. Y unas fotos de revista como resultado. Pero de fondo, en vez de los pájaros se escuchaba «te vas a enganchar el vestido», «vas a llegar sudando» «¿dónde vas a poner el ramo?». Cada sesión era una intervención. Me lanzaban sin compasión los pies contra la tierra. Insensata!
Si pudiese rebobinar les digo, ¡no sin mi bici! Quizás ahora esté muy visto, pero no me digan que estas fotos no son de pelÃcula.
Asà que bueno, para no perder el espÃritu hippie y desenfadado que querÃa imprimirle a mi entrada nupcial, seguà buscando otras ideas. Al final miren, conseguà subir a mis padres en una Wolsvagen T2. ¡Que a cabezota no me gana nadie, oigan! Un poco más cómodos he de reconocer que sà que fuimos. Que gracias al cielo no cayó ni una gota ese dÃa. Pero, si nos cae uno de esos diluvios universales que suelen ser tÃpicos en el Mediterráneo, del velocÃpedo podÃa haber salido como sepia a remojo.
Lo de la furgoneta sólo me costó un par de suspiros. El de mi madre cogida como alma en pena a la agarradera de la ventanilla del copiloto. Y el quejido de mi padre en forma de «a ver si no nos deja tirados este cuatrolatas». Asà que, pensándolo bien, una vez aterrizados y sin bicicleta de por medio, mi cara de felicidad no tuvo nada que envidiar a la de Solange Knowles. Mi padrino y yo llegamos sin gotas de sudor en la frente. Pero con el corazón palpitando como si acabáramos de terminar la etapa reina de la vuelta a España.

La furgoneta es de vintage tours y las fotos de JoaquÃn Corbalán.
¡Feliz martes!
Mrs. Maple